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Bitcoin es el futuro de los smart contracts

Las cadenas de bloques (blockchains) que se dedican a los contratos inteligentes (smart contracts) como Ethereum (ETH) o Tron (TRX) han incurrido en errores de diseño garrafales que impedirán su adopción en el largo plazo, mientras que Bitcoin (BTC) y sus distintos niveles tienen la mejor arquitectura para esta ejecutar esta función. Conner Brown parece haber encontrado la forma de hacer a los smart contracts una realidad.

Los contratos inteligentes parecen prometer un futuro con pocos abogados, poca burocracia judicial y sin los altos costos que son necesarios hoy en día para otorgar un mínimo de seguridad jurídica. No obstante, hasta la fecha el diseño de las plataformas para desarrollarlos no ha podido resolver diversos problemas de implementación que derivan de la naturaleza misma de los contratos.

Tengamos en consideración que un contrato es un acuerdo de voluntades entre dos o más personas, que es exigible ante un tercero que normalmente es un agente estatal o privado como un juez o árbitro.

Este sistema jurídico permite el normal funcionamiento de intercambios tecnológicos, ya que es posible solicitar y depender de los servicios de otros sin tener que conocerlos personalmente. La mera posibilidad de que puede intervenir un tercero en caso de que las cosas no funcionen es suficiente para generar un nivel mínimo de confianza entre extraños que quieren intercambiar bienes o servicios.

Ahora bien, los smart contracts se definen como la posibilidad de dos o más personas de contratar sobre una blockchain. Esta es una definición un poco ingenua de lo que es un contrato inteligente ya que presupone que uno solamente necesita tomar un contrato tal y como es usado en la vida real y montarlo sobre una cadena de bloques, con lo cual, automáticamente se tiene un acuerdo que es susceptible de ser ejecutado apenas se actualicen sus condiciones.

Según esta interpretación, el contrato inteligente se encuentra programado dentro del sistema y solamente es necesario alimentar eventos o datos reales a efecto de que el sistema ejecute el contrato.

No obstante, las cosas no son tan fáciles como parecen y nos encontramos con que los contratos inteligentes tienen problemas elementales de diseño, que dificultan su funcionamiento.

El primer problema con el que nos topamos es el del “oráculo.” Para que funcione un smart contract es necesario contar con un agente externo que sea capaz de proveer la información necesaria para la ejecución del contrato. Al momento en el cual es vuelve necesario recurrir de nueva cuenta a un tercero para hacer funcional el sistema, el concepto mismo de contrato inteligente termina siendo ocioso.

Por otra parte, como advierte Brown, es posible reconocer otro problema que podemos llamar el de la prueba fáctica. Se puede dar el caso en el cual algo pase en el mundo fáctico, pero que sea imposible advertir o actualizar a la blockchain sobre este hecho, inclusive mediante la participación de un tercero.

Además, este tipo de contratos se enfrentan al problema de no ser susceptibles de ser interpretados una vez que han sido codificados. Todo contrato inteligente requiere que no existan errores sobre las definiciones y términos que se utilizan en el mismo. Debe ser autoreferente, lo cual genera severos problemas técnicos y conceptuales.

De acuerdo con el lógico y matemático Kurt Gödel, esta cuestión que es imposible para ambas disciplinas, ya que en el universo no existen sistemas autoreferenciales y siempre es necesario un factor o agente externo que gobierne o justifique a un sistema.

Si bien es cierto que esta inmutabilidad sirve para reducir ineficiencias, para ejecutar cada contrato, Sklaroff considera que se aumentan de forma dramática los costos de transacción, ya que obliga a que las partes definan cada una de las posibles condiciones que se pueden presentar en un futuro.

El lenguaje natural tiene una flexibilidad y posibilidades de interpretación y contexto que no son remplazables, hasta ahora, con la lógica de una computadora.

Por último, las plataformas de contratos inteligentes tienen un problema de escalabilidad puesto que todo contrato que se sube al blockchain necesita la validación de todos los participantes dentro del sistema. Esto trae como consecuencia una inflación innecesaria de la cadena de bloques ya que cada transacción se debe validar en sus términos.

¿Existe alguna solución a todos estos problemas o los contratos inteligentes pasarán a la historia como una tecnología derivada del blockchain que prometía muchas cosas pero que carece de cualquier aplicación práctica?

Para Brown, la solución se encuentra en el Lightning Network (LN) que es un sistema de pagos construido sobre el protocolo Bitcoin. Dos partes deciden abrir un canal de pago y esto se graba en la cadena primaria de Bitcoin. Se deben seguir las reglas del protocolo LN. Después de hacer transacciones en este sistema, las partes tienen la opción de terminar el contrato por mutuo consentimiento.

En caso de que alguna de las partes pretenda quedarse con los fondos de su contraparte la parte afectada podrá publicar una prueba criptográfica a la cadena primaria de Bitcoin para evitar su robo.

De esta forma, el Lighting Network se utiliza como el contrato inteligente, ya que contiene los términos de contratación y obliga a que las partes den su consentimiento para poder interactuar dentro del mismo.

A su vez, la cadena primaria actúa como un “juez virtual” al decidir, en función de la evidencia criptográfica que se haya presentado. Se trata de un círculo virtual cerrado que no hace necesario interactuar con el mundo material.

Además, tiene la ventaja de ser escalable, ya que la sola garantía de que existe una posibilidad de reclamo ante la cadena primaria permite que se lleven a cabo millones de transacciones con confianza y sobre todo privacidad.

Este es justamente el problema estructural que enfrentan Ethereum y plataformas similares, ya que pretende que toda transacción sea validada por la propia cadena lo cual tiene como consecuencia una inflación innecesaria y costos prohibitivos.

En conclusión, Bitcoin no es propiamente una plataforma para hacer contratos inteligentes, sino un sistema de adjudicación sobre le cual es posible construir ecosistemas jurídicos que pueden aprovechan esta capacidad de resolver posibles disputas de forma automática.

Bitcoin será el juez virtual del futuro cada vez que hablemos de contratos inteligentes.

Texto: Alezandre Defoss (LegalLab)

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